Antes de la abundancia, Dios revela las fugas
Hay personas que le piden a Dios prosperidad.
Pero muy pocas le piden discernimiento.
Y, sin embargo, si observas con atención la vida, descubrirás que la abundancia rara vez llega antes de una limpieza profunda.
Antes de abrir una puerta, muchas otras se cierran.
Relaciones que parecían irrompibles comienzan a fracturarse.
Socios dejan de aparecer.
Amistades cambian de rostro.
Personas que parecían celebrar tu crecimiento empiezan a incomodarse cuando realmente comienzas a avanzar.
Muchos interpretan ese momento como una pérdida.
Yo he aprendido a verlo de otra manera.
La abundancia necesita un recipiente limpio
No tendría sentido recibir más si aquello que recibes seguirá escapándose por las mismas grietas.
Dios no solo multiplica.
También revela.
Revela dónde entregabas demasiado.
Dónde buscabas aprobación.
Dónde confundías amor con dependencia.
Y, en ocasiones, revela personas cuya cercanía estaba sostenida más por el beneficio que obtenían de ti que por el amor que decían sentir.
No siempre son personas malas.
Pero sí personas que ya no pueden acompañar la vida que estás construyendo.
La primera riqueza es el discernimiento
Existe una riqueza que llega antes que el dinero.
Se llama discernimiento.
Es la capacidad de reconocer quién suma paz y quién consume energía.
Quién celebra tu expansión y quién necesita que permanezcas pequeño para sentirse seguro.
Quién camina contigo… y quién únicamente camina junto a lo que puedes ofrecer.
Cuando ese discernimiento despierta, ya no necesitas discutir.
No necesitas convencer.
No necesitas demostrar.
Simplemente dejas de abrir puertas que antes mantenías abiertas por culpa, costumbre o miedo.
La purga no es un castigo
Las purgas espirituales suelen sentirse como pérdidas.
Pero muchas veces son una protección.
Porque el propósito de Dios no es solamente darte más.
Es asegurarse de que lo que recibas pueda permanecer.
Que no existan fugas.
Que tu paz no sea negociable.
Que tu energía deje de alimentar aquello que nunca fue sembrado en amor.
Quizá por eso…
Hoy ya no le pido primero abundancia a Dios.
Le pido claridad.
Porque cuando la claridad llega, muchas personas se van solas.
Y cuando las fugas desaparecen…
la abundancia deja de ser una promesa.
Se convierte en una consecuencia.